Técnicas de cálculo aplicables al salvamento de buques varados

Número: 
65
Fecha: 
MAR.-2011
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Portada revista: 
Portada revista Prácticos de Puerto
Sumario: 

Editorial, Pág.3
Técnicas de Cálculo aplicables al Salvamento de Buques Varados, Pág. 4
Jornada Técnica, Pág. 19
12 preguntas clave sobre la navegación en un dispositivo, Pág. 20
Curiosidades históricas 28, Pág. 26
Hundimiento del R.M.S. “Titanic”, Pág. 33
Escala de Prácticos, Pág. 41
Publicación de Libros, Pág. 42
¡Liberado!, Pág. 42

Lo imprevisto


Inesperadamente, en la Ley 30//2010 de régimen económico de los puertos de interés general, se concedió de forma genérica la exención del Servicio de Practicaje a una serie de buques a condición de que tuvieran la base en el puerto o que en su tripulación haya un Capitán que  hubiera ejercido, incluso interinamente, como Práctico en el puerto de que se trate, o bien haya superado las pruebas de habilitación teóricas y prácticas en dicho puerto.

Que el papel, y más si se trata de una ley, lo soporta todo y no se arrufa resulta una obviedad. ¿Por tener la base en el puerto, los capitanes de los buques - que igual nunca han estado allí -  conocen el puerto, sus luces, balizamientos y los factores ambientales e hidrológicos que les van a afectar en su maniobra?

¿Un Capitán, habilitado temporalmente como Práctico, conserva sus conocimientos con independencia del tiempo que lleve alejado del puerto, sin necesidad de recibir formación complementaria y con independencia de que el puerto y el tráfico marítimo hayan cambiado su configuración?

¿Se midieron las consecuencias de estas decisiones especialmente en las Corporaciones pequeñas que, por infradotadas, no tienen posibilidad de cubrir una baja médica o un aumento puntual del tráfico sino recurriendo a una habilitación temporal?

La semana pasada durante la maniobra de aproximación y atraque en un muelle del puerto de Vigo, un buque exento colisionó no solo con un buque atracado sino también con una gabarra próxima. Su Capitán, con el buque en mitad de la dársena y perpendicular al atraque, fue incapaz de continuar la maniobra.

Absolutamente previsible, esto es lo que trae legislar de esa forma. En el mundo marítimo, especialmente, se regula tras los accidentes. La falta de previsión va en la condición humana y su aliada, la improvisación, especialmente en el mundo latino.

El gran maestro Jaume Perich decía que existe el futuro perfecto y el futuro imperfecto ó previsible y a este es al que estamos abonados. A esa capacidad de calcular el porvenir y prepararse, con mayor o menor acierto, la denominamos previsión y la consideramos como aquella etapa donde, a través de datos relevantes del pasado y del presente, se puedan construir contextos, sociales, políticos, económicos, tecnológicos en los que se puede desenvolver una actividad a medio y largo plazo.

¿Acaso la evaluación, la planificación, las pruebas de viabilidad y el estudio de las consecuencias no forman parte de todo proceso? ¿Entonces?

Entenderíamos que esto fuera difícil en el lado social pero no en el técnico.

¿Quién iba a pensar que la revolución árabe, a la que estamos asistiendo, la iniciara  un joven tunecino que se prendió fuego en señal de protesta por haberle sido arrebatado su carro de venta de verduras. Desde entonces, Egipto, Libia, Yemen, Marruecos, Jordania o Siria se han visto sacudidas con distinta intensidad por reivindicaciones de la población cansada de despotismo, corrupción, escaso desarrollo económico y desigualdad.

Qué decir de la crisis económica y financiera o del último terremoto en Japón. ¿Acaso en el país mejor preparado para estos episodios –pese a tan terribles pérdidas y daños– no se pudo prever que un tsunami causaría un daño mayor que los terremotos previsibles?

Ahora que están de moda los “stress tests” ¿porqué no analizar las consecuencias de las decisiones anteriores e incluso de lo legislado para, a partir de ahí, establecer un marco normativo estable que permita conciliar los distintos intereses?